Soy fruto de una generación en la que el deporte en los colegios de niñas era obligatorio pero de escasa importancia. Nunca fui gran deportista ni amante de la gimnasia, más bien todo lo contrario. Si sacaba buenas notas en gimnasia no era por mi aptitud, sino por mi actitud: nunca se me olvidaba
el chandal, ni las zapatillas, era voluntaria para jugar al baloncesto- aún cuando no encestaba una.-, también jugaba al hockey, y al balonmano- todo ello malamente- pero nunca conseguí hacer el pino ni la voltereta lateral.
Esa falta de aptitud para los deportes me llevó a no interesarme mucho por la práctica de los mismos ni por su seguimiento en general.
Con el paso de los años, la sociedad ha ido potenciando el gusto y la necesidad de practicar deporte y sobre todo de estar al tanto de innumerables competiciones deportivas de todo tipo que diariamente inundan las cadenas de televisión, radios y prensa escrita, por lo que no somos aficionados estamos algo fuera de onda .
De igual modo se ha identificado la actividad deportiva con la salud, con lo que aquel que se sienta en un sillón a ver un partido de fútbol, se cree más sano y saludable que el que se enchufa a la misma televisión a ver otro tipo de programa presuntamente no “tan saludable“.
Esto es lo que yo llamo, superioridad moral del aficionado al deporte en general. ¿Por qué el aficionado al deporte en general supone que esa afición o práctica produce más satisfacción que otra? ¿Por qué socialmente el que practica o habla de deporte – aunque sea de mero cotilleo-eso si deportivo- está más considerado o es más escuchado, que aquel que habla de otro tipo de cotilleo o practica cualquier otro actividad no deportiva? ¿ por qué uno es un tipo saludable –física y/o psíquicamente- y el otro quizás si, quizás no? .
Sinceramente me encantaría tener interés por el deporte, y poder llegar el lunes al trabajo y al ir a tomar un café al bar de la esquina y abrir el periódico deportivo que se encuentra en la barra, decir en alto – bufff – y con solo eso la mayoría de los clientes del bar, entendiesen lo que entienden hoy día : menudo partido el domingo, el arbitro no vio el penalti, así no vamos a ningún sitio, mi equipo campeón de Europa .
Contrariamente a ello, si los no aficionados al deporte en general, decimos “ buff “ en la misma situación, y ese buff significa : menudo libro me he leído, he hecho una paella fantástica o me duele la tripa, tenemos que dar muchas explicaciones ya que no hablamos el mismo idioma .
En cualquier reunión de amigos o familia, siempre hay alguien que relata las innumerables abdominales que hace o si Fernando Alonso tiene o no un buen coche, contando con la atención dela galería. En idénticas situaciones contar a viva voz que es mejor poner en los bizcochos aceite de oliva o de girasol supone un desconcierto prácticamente general.
Los aficionados a los deportes, intentan insistentemente convencer a los no aficionados para que se aficionen, relatando las bondades de los mismos con insistencia. Y me pregunto ¿cómo se tomaría el aficionado al deporte la insistencia constante del aficionado al teatro a acudir todas las semanas al mismo, o a que se leyesen los grandes éxitos de Benito Pérez Galdós?.
Ser aficionado al deporte, tiene innumerables ventajas. A ver que niño le dice a su progenitor aficionado a hacer abdominales, que haga una exhibición en el cole. Pero si eres aficionado a la repostería en tus escasos minutos libres, y te salen buenas las magdalenas, tu hijo te va a pedir que hagas magdalenas para sus 25 amiguitos del cole, con lo que sumadas las profesoras, te pasas el domingo preparando magdalenas para una legión de escolares. Definitivamente voy a aficionarme a practicar algún deporte, o quizás a ver alguna partido de tenis o similar por televisión, que es menos cansado.
